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Entre los años 1950 y 1960 se tomó profundo conocimiento de los factores de degradación de las obras de arte, se estudió en profundidad cada uno de los agentes de deterioro.
Uno de los agentes más agresivos y quizás menos tenido en cuenta es la Luz: elemento indispensable en la exhibición; casi siempre presente en demasía. Sea la exposición a luz diurna, al sol, a tubos fluorescentes o a fuentes lumínicas poderosas demasiado cerca de los objetos expuestos.
Los daños que causan son irreparables y acumulativos.
Hay que tener presente la relación entre el nivel de iluminación y el tiempo de exposición de la obra a la luz.
Los factores de daño son las franjas ultravioletas y violetas del espectro lumínico.
Pasaremos a enunciar algunos de los daños que causan:
Profundo desvanecimiento de los colores(empalidecen), fragilización y degradación de los materiales celulósicos (papel, algodón). Por lo tanto un nivel lumínico alto por poco tiempo puede ser tan dañino como un nivel bajo por largo tiempo.
El control de los niveles de iluminación debe realizarse durante las exhibiciones
Ya que normalmente atendiendo a los requerimientos del diseño de la muestra siempre están mas altos de lo que el tipo de objeto de arte permite.
Con el objeto de filtrar las radiaciones indeseadas se utilizan tapas, tubos o el mismo material en planchas y se consiguen donde se expenden productos acrílicos de calidad o en casas proveedoras de materiales de conservación.
Deben preferirse las lámparas con baja emisión de luz ultravioleta y en los casos en los que la fuente es luz diurna puede aplicarse el material acrílico filtrante en las ventanas o aberturas del techo, incorporar en las vitrinas de exhibición o tratarlas con productos que aplicados sobre la superficie filtren adecuadamente la radiación ultravioleta.
Este tema ha sido debatido y peleado durante años entre conservadores por un lado y diseñadores por otro.
Si generalizamos groseramente tenemos que el nivel de iluminación seguro para material delicado ronda entre los 50 a 100 lux, en tanto que un material menos delicado acepta hasta un máximo de 500 lux.
Deben preferirse los sistemas de iluminación que están activos cuando el espectador esta frente a la obra y cuando parte, la luz se apaga.
Si esta alternativa no es posible, deben considerarse los aumentos de temperatura (con su espectro infrarrojo); tener en cuenta que estos producen cambios en la superficie de la obra, ya que algunos colores absorben mayor energía lumínica (infrarroja) que otros.
El calor de superficie varía el contenido de humedad de las, maderas, papeles, cartones y demás materiales de soporte, con el consiguiente riesgo de deformarse en primer término y llegar al estadio final de abrirse o rasgarse.
Se conocen casos en los que se utilizaron spot de 200 watts dentro de vitrinas de exposición.
Esto resulta en un excesivo aumento de la temperatura y tiene un drástico efecto en la HR(humedad relativa), además de todos los riesgos de fragilización que entrañan los espectros U.V. e I.R.
Los sistemas de iluminación deben ser instalados fuera de las vitrinas, 50 watts o menos es suficiente y si por otras exigencias deben instalarse dentro, deben considerar y medir todas las variables.
Cuando utilizan tubos fluorescentes, la distribución de los mismos debe ser calculada a una distancia suficiente como para que los balastos productores de calor no afecten la muestra y se deberán utilizar las tapas absorbentes de ultravioleta.
Además del tema del efecto del calor en la humedad relativa y en el contenido de humedad de los objetos, debe tenerse en cuenta que al elevar la temperatura se produce un acendrado deterioro a través de la reacción química de los materiales sensibles con el oxígeno y dióxido de carbono presentes de la atmósfera.
Lic.Graciela Masiá
Ins.Téc. Restauración

 

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